Presentación

 

Tal y como acontece en otros ámbitos, el desarrollo de los procesos de globalización han tenido efectos importantes em las representaciones sociales de la ciencia, la investigación y la educación superior. El desarrollo de nuevas tecnologias de comunicación, el abaratamiento de los costos de transporte, el uso de médios electrónicos y virtuales para la formación, inicial y permanente, de los estudiantes y el reforzamiento de los bloques económicos son algunos factores que, de manera evidente, han contribuído a una creciente internacionalización de la ciencia y de la academia.

A lo largo de las pasadas décadas, las movilidades científicas y académicas transnacionales han sido consideradas como elementos de gran relevancia para el desarrollo de los países. En una época en la que el crecimiento económico está cada vez más vinculado con el conocimiento y las capacidades de innovación, los estados y los bloques económicos han cooperado, o, en ocasiones, han competido para llevar a cabo proyectos conjuntos de investigación y para operar programas específicos respecto de la incorporación de recursos humanos altamente calificados extranjeros a los mercados científico o académico en los territórios nacionales. Estos actores han implementado iniciativas de internacionalizacion, de acompañamiento a las diasporas científicas y de fortalecimento de las redes.

Las universidades, los laboratorios y los centros de investigación y sus autoridades, por su parte, han lanzado estrategias para responder adecuadamente a ese contexto: han firmado convenios y acuerdos de cooperación internacional en materia de grados conjuntos, de programas de movilidad internacional docente, científica y estudiantil, de becas para atraer a académicos extranjeros y de candidaturas para financiar proyectos multinacionales de investigación, entre otras actividades. Dichas actividades promovieron la circulación y la transferencia internacional de tecnologia pero, igualmente, reforzaron los sesgos de desarrollo y las jerarquias existentes en virtud de las desigualdades de poder entre los actores de la cooperación, en función de su estatuto de donantes o donatarios.

Simultáneamente, en una perspectiva micro, los científicos, los estudiantes y los académicos han procurado internacionalizar sus carreras: con ese propósito, participaron en forma ingente en programas de intercambio con instituciones extranjeras, intervinieron en redes o en proyectos macro de investigación, publicaron en revistas indexadas a escala global en sus áreas de especialidad y acrecentaron su asistencia a conferencias y seminarios internacionales. Si bien las rutas de movilidad de los sujetos y los circuitos de transferencia de los saberes se establecieron con base en las tradiciones históricas particulares de las naciones involucradas y conforme con dos esquemas predominantes de intercambio Norte-Norte y Sur-Norte, también auspiciaron, desde la década pasada, la apertura de nuevas rutas de cooperación, dentro de proyectos solidarios, pragmáticos o estratégicos, de intercambio Sur- Sur o triangular.

Esa diversificación, aunque localizada, resalta la necesidad de analizar las elecciones geo-estrategicas de internacionalización de la ciencia y la educación superior, en sus vertientes tanto convencionales como innovadoras.

Partiremos de que la cooperación académica y científica internacional es un fenómeno que se despliega en distintas dimensiones. Involucra una serie de actores, por lo que tiene un alto grado de complejidad y requiere ser abordado a partir de distintas perspectivas, económicas, políticas, sociales y culturales.

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